Katherine Hepburn . Yo misma

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Se formó en teatro, sobrevivió a su primer fracaso cinematográfico y ha sido una de las mejores actrices del cine. 

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Edición: 1995
Autor: Katharine Hepburn
Elaboración: Rústica con solapas, b/n, 290 páginas
Editorial: Salvat

Le dijeron que no valía para el cine. Pelirroja, cara angulosa y moteada de pecas como un chiquillo; su aspecto no estaba de moda en la pantalla. Pero los gustos cambian y ella estaba decidida a ser actriz. Se formó en teatro, sobrevivió a su primer fracaso cinematográfico y h a sido una de las mejores actrices del cine. Katharine Hepburn supo adaptarse al paso del tiempo. Aquella muchachita con acento de Nueva Inglaterra en La fiera de mi niña, incomparable excéntrica en Historias de Filadelfia, majestuosa descendiendo en ascensor en De repente el último verano, reflejo cruel de la feroz madurez de una reina en El león de invierno, tierna solterona que encuentra el amor en La reina de África, es la anciana apacible en El estanque dorado. Todo mito tiene su lado oscuro, dio calabazas a Walt Disney y se dice que éste se inspiró en ella para el malvado personaje de Cruella de Ville en Ciento un dálmatas. Ganó cuatro oscars y el reconocimiento público, pero hubo cosas que ni el coraje, la fama, o su brillante carrera pudieron darle. Estuvo eternamente enamorada de Spencer Tracy, aunque fue sólo en la película La costilla de Adán, donde pudo estar casada con el amor de su vida. «Todo te lo puedo dar menos el amor, baby»: cantaba en La fiera de mi niña para apaciguar a un leopardo.

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